miércoles, 29 de septiembre de 2010

Miércoles de dispersión


Miércoles de dispersión. Cuando se piensa en la educación se descubre que éste es uno de los grandes temas (¿obstáculos?). Dispersión de alumnos, grupos, programas, metodologías, necesidades, herramientas,...
Preparando el ya inmediato trabajo sobre la emigración he tenido que ver (como un trabajo: con papel, lápiz y atención) “Retorno a Hansala”. Bonita película, interesante por el contraste de culturas, lenguas, ilusiones, esperanzas, tristezas, problemas,... con “happy end”.
He leído “El hombre de hojalata”, un precioso cuento de Isabel Allende, con los alumnos de 4º durante dos horas de aula, incluyendo el trabajo que hemos hecho sobre el relato.
Hoy tocaba comer en la escuela, así que he podido charlar sobre la situación de varias alumnas y alumnos: problemas de comprensión del idioma español, de sus capacidades matemáticas, o de sus posibilidades motoras (que también tenemos alumnos en sillas de ruedas).
Y luego reunión de profesores con planteamientos sobre cursos y lecturas interesantes para nuestra formación (que nunca se acaba), con propuestas de analizar los mejores caminos para trabajar las drogodependencias, las tutorías, la supervisión de casos individuales más (aún) problemáticos, o programas informáticos para llevar más al día nuestras observaciones.
Dispersión: ¡qué bonita palabra! (Aún recuerdo aquel “gris” diciéndonos: “se me dispersen en grupos de a uno”). Eran otros tiempos.
Menos mal que a la salida me esperaban una hermosa tarde de otoño, un parque para pasear, Pili y Noa, mi perra.

lunes, 27 de septiembre de 2010

En la Escuela todo es gratis: pidámoslo

Uno de los problemas que tienen las salas de profesores, al menos la mía, es la falta de intimidad.
Así que no he podido evitar escuchar una conversación entre una profesora-tutora y una madre. Las pretensiones de la madre se han ido “disparando” y ha llegado a pedirle que le telefonee cada hora (sí, sí, cada hora) para decirle si su hijo ha entrado en clase. Porque, según ella, parte de nuestro trabajo consiste en ir a buscar al alumno, esté donde esté, y convencerlo con buenos razonamientos de que su futuro depende de que entre en clase. Y eso (sí, sí) cada hora.
Bueno, el deseo-necesidad de la madre (o del padre) no es disparatado (o, ¿sí?). Está en la misma línea de la pretensión de que la Escuela atienda a los niños casi desde que nacen, los días de vacaciones, los fines de semana, las horas extraescolares de los días de labor, y hasta los días de huelga.
Sólo es un problema de impuestos. Porque, claro, la Escuela nunca ha sido, es, ni será gratuita. Alguien la paga. En estos momentos (¿por qué esto no aparece claro en las reivindicaciones ni de izquierdas ni de derechas?) somos los contribuyentes los que la pagamos.
Y parece que los impuestos no dan para tanto.
Mientras, quizás la madre (o el padre) podría aportar un poco más de implicación real y hacer ella el trabajo de que su hijo entienda las razones por las que su futuro pasa por entrar en todas las clases.
Pero, esto igual ya no le gusta tanto a esa madre (o padre) que nos “ha confiado” su hijo porque “con él no hay quien pueda” y “a ver si Ustedes pueden hacer algo con él”.
Compañera, no sufras porque no llegamos a todos los sitios desde donde nos llaman.

domingo, 26 de septiembre de 2010

El maltrato escolar

Ha aparecido el informe 2009 del Gobierno Vasco sobre el maltrato en la escuela y dice que el número de víctimas crece hasta llegar al 12% en la ESO.
Si miramos los datos con un  poco más de detenimiento, nos encontramos con algo que los educadores ya sabemos bastante bien; se trata fundamentalmente de insultos y de exclusiones, incluyendo las autoexclusiones de quienes se sienten una y otra vez insultados, vejados.
El sufrimiento de uno solo de los maltratados (si conocemos de cerca algún caso será más fácil admitirlo) basta para que no bajemos la guardia ni un solo momento. “Siempre ha sido así”, “no es para tanto”, “ellos mismos se lo buscan”, o “que espabilen”, no son buenas respuestas. Al contrario, nos sitúa de parte de los maltratadores.
Pero, sin obviar la gravedad del tema, hay dos reflexiones que me gusta hacer a este respecto:
Por una parte, debemos ser conscientes de que los adolescentes siempre se las arreglan para crear espacios (mundos) a los que los adultos nunca vamos a llegar... directamente. Erradicar el maltrato sólo lo lograremos educando en otro espacio, porque mientras exista un solo maltratador, él buscará el espacio al que no llegaremos. Si trabajamos la autoestima del maltratado posiblemente estemos en el buen camino.
Por otra parte, y una vez más, no estamos más que ante uno de los reflejos de la sociedad que entre todos estamos haciendo. Trasformar esa sociedad haciéndola más igualitaria será la raíz del fin de cualquier maltrato.
Y, los que nos decimos educadores, ¿no maltratamos a los que nos acompañan en el trabajo de la educación, a nuestras parejas, a nuestros hijos, amiguetes, a los que trabajan en los servicios que usamos,...? Debemos ser valientes para analizar todas nuestras responsabilidades.
Que esto no nos haga sentirnos de ninguna manera los verdugos. Estamos haciendo muchas cosas bien. Somos uno de los colectivos más implicados en la creación de esa sociedad igualitaria.
Pero, hoy tocaba hablar del maltrato.

viernes, 24 de septiembre de 2010

¿Competente o no?


Casi no iba a leerlo: que ya está bien de tanto cambio como uno ha soportado, que ya me he hecho mayor y allá los jóvenes,…
Pero, esa adquirida manía de leer, de no faltar al compromiso de lo que a uno le piden desde los que empujan la educación, todo eso ha hecho que me líe con el asunto de la "educación por competencias".
Varios aspectos concretos, que tienen que ver con nuestro día a día en la escuela, me los guardo para cuando sea su tiempo. Pero, después de leer el  Artículo 7 y el Anexo 3 del Decreto 125/2007 por el que se establece el currículo de la Educación Básica y se implanta en la Comunidad Autónoma del País Vasco, tengo que brindaros esta rápida reflexión:
Al final de la lectura dan ganas de activar aquel viejo concepto de la autocrítica, coger un boli y un papel en blanco y empezar a responder a una sola pregunta pasada por todos los puntos que toca un texto - lo digo con absoluta claridad- riquísimo para un educador: ¿cómo están MIS competencias?;¿cómo estoy YO de esas competencias?.
Leedlo, por favor.

jueves, 23 de septiembre de 2010

De libros y obligaciones


Estoy un poquito vago en esto de la lectura. O, quizás, me lo parece porque el tiempo se encoge en cuanto empieza el trabajo. El caso es que voy leyendo un par de cosas a ritmo de tortuga.
Una de ellas es "Persuasión" de Jane Austen. Tengo que decir que no me está gustando casi nada. Cosa de gustos. El siglo XIX nunca ha sido mi fuerte. Realmente lo estoy leyendo "por obligación". Me explico: asisto regularmente a una tertulia literaria mensual y alguno de los tertulianos quiere que hablemos sobre esta novela. Así que hagámoslo.
Tengo muy claro que la última razón de mis actuaciones rara vez puede y debe ser exclusivamente "me gusta" o "no me gusta". Hay otras muchas motivaciones (sin excluir el propio gusto). Alguna de ellas, a veces, más determinante. Estar en un grupo y participar de su vida significa pensar más allá del propio gusto. No siempre. Habrá otro momento en que sea yo quien quiera que se hable de otra novela que a algún otro tertuliano no le guste. Es lo bueno del intercambio de pareceres, la riqueza de los criterios diferentes puestos en común de manera amistosa y distendida.

También estoy leyendo "Cuentos" de Julio Ramón Ribeyro. Y éste sí que os lo recomiendo. Como dice el título, se trata de una colección de 11 cuentos. Se lee muy fácil y, después de cada cuento, uno puede, si lo desea, pensar un ratito. Me esta gustando mucho

Y, como casi siempre leo con la luz encendida, para acabar algo mucho más prosaico. Dice el periódico de hoy que la luz va a subir casi un 5%. Es decir, coincidencias, lo mismo que me van a quitar de sueldo a partir de este mes. ¿A alguien se le ocurre un comentario jocoso? Pues no tiene gracia.

martes, 21 de septiembre de 2010

Agradecemos sus servicios...

Empiezan a acercarse los cursos que el Ayuntamiento (o sea todos nosotros; al menos, los que pagamos impuestos) prepara para los vecinos de Bilbao.
Durante un montón de años, Pili (mi mujer, ya la conocéis) ha sido profesora de los cursos de pintura que “Talleres para todos” impartía en el Centro cívico de Otxarkoaga (y otros lugares).
Desde hace ya años, el Ayuntamiento proporciona estos cursos a través de una empresa intermediaria que, mediante adjudicación por licitación en concurso público, se hace con ellos y gestiona todo el dinero dedicado a los talleres.
Desde hace dos años esa empresa es “Artean Arte”. Para ella trabajaba Pili desde que la empresa se formó. Antes lo había hecho para todos los que habían administrado los cursos. Trabajaba, digo, porque este verano ha recibido una carta agradeciendo sus servicios y ofreciéndole una inmejorable carta de recomendación.
¿Han desaparecido los cursos? No. Algunos cursos se han acortado, otros se han modificado,… Pero, la razón es mucho más sencilla.
Cuando le dieron el último finiquito se le ocurrió pedir la indemnización correspondiente y fijada por ley para cualquier contrato de final de obra. Y aquello no sentó muy bien en la empresa.
Además, la próxima trabajadora, el próximo trabajador, le va a salir más barato a la empresa.
Dicho de otro modo, a los empresarios les va a quedar más dinero para repartirse entre ellos y/o van a vivir un poco más tranquilos sin trabajadores que se preocupen de que se respeten sus derechos.
El Ayuntamiento (o sea nosotros) va a gastar lo mismo; los usuarios (o sea, nosotros) vamos a recibir lo mismo y los intermediarios (o sea, ellos) se van a quedar con más dinero (el nuestro, claro) y más tranquilos.
No es más que un ejemplo, aunque a mí me resulte más cercano.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Para Labordeta In memoriam

CANTO A LA LIBERTAD - José Antonio Labordeta


Habrá un día
en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.


Haremos el camino
en un mismo trazado,
uniendo nuestros hombros
para así levantar
a aquellos que cayeron
gritando libertad.