domingo, 10 de abril de 2011

Lectura para la Semana Santa


No es fácil resistirse, así que no voy a hacerlo. Acabo de leer “Máscaras” de Leonardo Padura. Para que os hagáis una idea: la empecé el martes por la tarde y hoy a las nueve de la noche la he acabado. Sin descuidar ninguna de mis obligaciones.
Tengo que recomendárosla.  Sin ningún pero. Es una gozada. Literatura dentro de la literatura: un cuento, dentro de la novela, mil referencias al teatro, los clásicos –empezando por los griegos- , la Biblia, la cultura, el arte, el sexo, la definición de la persona, el existencialismo francés, el mayo parisino, Sartre, Camus, Cortázar,… Dios mío! Lo que cabe en “Máscaras”. La máscara es el personaje. El personaje es siempre una máscara. Y todo ello envuelto en novela negra, con un estilo rápido, aunque reflexivo, ágil, fácil, aunque denso, bien escrito, bonito,…
Creo que era Juan Ignacio Taibo II el que decía que la buena novela negra comienza en la investigación de un crimen para olvidarse de él e investigar la sociedad donde se ha cometido. Pues eso, si no tenéis nada mejor que hacer, leeros “Máscaras”, de Leonardo Padura.
Yo he vuelto del finde un poco más moreno.

jueves, 7 de abril de 2011

Cosas que pasan ... en Bilbao

Jueves 7 de abril. Ocho de la tarde. Teatro Arriaga. “La música callada” es el título del espectáculo.  Al piano Rosa Torres-Pardo, mientras Ana Belén recuerda el poema de José Hierro: Beethoven ante el televisor. 

El alemán de Bonn identificaba
Todos los sones de la naturaleza:
El del mar, el del rio, el del viento y la lluvia,
El canto del ruiseñor, el de la oropéndola, el del cuco.
Un día, cantó un ave, y él no oía su canto:
Fue la primera señal de alarma.
Luego avanzó implacable la sordera
Hasta desembocar en la noche de los sonidos.
Compuso, desde entonces, imaginándolos.
Nunca pudo escuchar su misa en Re,
Sus últimos cuartetos, su última sinfonía.

Luis Van Beethoven murió en mil ochocientos veintisiete
(es lo que piensan los desinformados),
Pero yo le he visto en el Lincoln Center.
Fue en los años noventa. Ocupábamos
Asientos contiguos. Yo lo reconocí
Por su expresión huraña y tierna y feroz.
Y también por el desaliño de que nos hablan sus biógrafos.
Escribí en mi programa estas palabras:
“Excelente concierto”. Y él asintió:
“No se moleste en escribir,, oigo perfectamente”.
Después, en el descanso, hablamos de su música,
(sin duda se dio cuenta
de que acababa de reconocerlo.)
Avisaron que había que volver
A las sala para escuchar el plato fuerte,
La Novena. Pero él, van Beethoven,
Dio medio vuelta y se marchaba.
“Pero, ¿precisamente ahora?” le pregunté,
“Yo regreso al hotel. Voy a escuchar
La novena Sinfonía en el televisor,
La transmiten en directo”, contestó.
“¿Me permite que le acompañe?”, dije
Y se encogió de hombros.

Pues aquí acaba todo.
Nos sentamos ante el televisor.
Escuchamos el golpe de batuta
Sobre el atril. Silencio. Y la orquesta rugió.
Entonces, Ludwig van Beethoven
Se levantó y apagó el sonido.
Ahora si que el silencio era absoluto.

Canturreaba a veces, levantaba la mano
Para indicar la entrada a los timbales
En el Scherzo. Lloró con el adagio,
Enardeció cuando cantaba el coro
Las palabras de Schiller.
Yo nunca podré oir, nadie podrá
Lo que él oía. Finalizó el concierto.
Fue entonces cuando se levantó,
Y se acercó al televisor,
Recuperó el sonido.
Las cámaras enfocaban ahora
Al público enardecido.
Van Beethoven oía, en mil novecientos noventa,
Los aplausos que no podía oír en Viena,
En mil ochocientos veinticuatro.


Estas cosas pasan en Bilbao muchos días al año. Buen finde.

lunes, 4 de abril de 2011

Amigos de los libros o "de todo hay en la viña del Señor"


Tomás, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, me ha invitado a dejar constancia en su web de alguna de las cosas que leo.
No he podido decir que no. Así que colaboraré con una página cuyo link he añadido a mi blog.
“Libros morrocotudos” se titula. “Morrocotudos” es una palabra de mis tiempos, de cuando era feo soltar tacos y había que usar vocablos redondos, con fuerza, sólidos, definitivos. Así que una página con ese nombre ya tenía hecha su presentación de antemano.
Me exigirá hacer el esfuerzo de reseñar cosas que haya leído. Con la pereza que me va a dar.
Pero ésta, creo, es la forma de irse incorporando a las nuevas redes sociales. Facebook, Twitter,… me parecen interesantes; para muchos no son nada desdeñables.
Pero es en este tipo de páginas “abiertas” y en la colaboración entre “desconocidos” con pasiones semejantes donde se crea el interés por comunicar lo que uno tiene para aportar y por recibir un montón de comunicaciones útiles.
Posiblemente estemos en un momento de exceso. Es lo que toca. Pero ya lo colocaremos en su sitio, en “su justo centro”. (¡Qué aburrido!).
Por ahora, de vez en cuando podréis encontrarme también allí. Y, si os decidís a dar una vuelta por la página cada cierto tiempo, aunque yo no ande por allá, os tropezaréis con  abundantes reseñas, … vosotros que sois amigos de los libros.

martes, 29 de marzo de 2011

Comunicaciones breves

Abro el blog para comentaros un par de cosas breves.
En primer lugar que he incorporado un link al blog "Yellow Tiles", en realidad al blog de Nerea. ¿Que quién es Nerea? Comprobadlo por vosotros mismos.
Tengo que deciros que Nerea no lo pone, pero su obra más interesante (por el momento) está en www.flickr.com/photos/nereaeren/  Esto es sólo para los más jóvenes.
En segundo lugar que he introducido otra de esas frases que me parecen bonitas cuando voy leyendo. Y aprovecho la frase para recomendaros leer "La amante de Bolzano", de Sándor Márai. Si os animais a leerla, id despacito, poco a poco, disfrutando de las palabras. A ratitos y sin querer terminarla cuanto antes. Se puede leer de semana en semana. No pasa nada.
Que ya tenía ganas yo de recomendar algo. Con la cantidad de cosas que estoy leyendo este año y lo poco que he podido recomendar.

viernes, 25 de marzo de 2011

Segunda evaluación


No tenía yo conciencia de la brecha que parecía existir entre… ¿cómo llamarlos para no seguir ahondando la brecha? A mis 14 años plantearse la posibilidad de hacer un bachillerato superior significaba elegir entre Ciencias o Letras: dos líneas de conocimiento que no volverían a tocarse siquiera en los próximos años de formación escolar.
Como si las Letras no fueran una ciencia, como si las Ciencias no usaran las letras, como si las Ciencias no fueran, en último término, un sistema de comunicación, como si las Letras no necesitaran la medida ni la objetividad.
Alguien o algo separaban los objetos de conocimiento, los hombres que conocen y hasta los sistemas sociales que desde ahí se construyen.
Y, sin embargo, se repiten por doquier los poetas científicos, los científicos humanistas (las letras también se llamaban “humanidades”). Os invito a que deis un paseo por la Red. No es este el lugar en el que realizar un trabajo que lo documente. Sólo os trascribo una afirmación de un poeta (Jorge Fernández Granados). Dice así: “Mi vocación literaria siempre estuvo muy cercana a la ciencia. Si no hubiera sido escritor me habría encantado ser físico o químico: mi manera de entender las cosas se aviene muy bien con la ciencia, me gusta ese método de exploración, de investigación, esa mentalidad racional y lógica que debe ser imaginativa y curiosa.”
Pero, algo o alguien, (¿con qué intereses ocultos que debemos desvelar?) han conseguido inculcarnos una especie de recelo que luego salta a la menor (o a la mediana, que da lo mismo) en muchos ámbitos, incluido el de la educación, incluido el de nuestra Escuela, incluido el de nuestra ESO (la nuestra, digo bien)
Sólo conozco un remedio y en él quiero creer: el diálogo (el diálogo entre “los de abajo”). ¿Hace falta recorrer las condiciones para que haya diálogo?. Permitidme que recuerde dos de ellas: no retrata de charlar sobre cualquier cosa “neutra” (fútbol, cine, viajes, alimentos,…) sino sobre el tema de las relaciones entre ambas “sensibilidades” y algunas de sus manifestaciones; y se requiere en todos los dialogantes un clima esperanzado en poder alcanzar conclusiones concretas (pequeñas, tal vez) que vayan cerrando la brecha.
Buen finde

martes, 15 de marzo de 2011

Las historias no acaban

Las historias no acaban. Después de cada entrada en el blog debería escribir: "continuará".
Los trapos sucios se lavan en casa y un blog es demasiado público como para considerarlo "en casa". Pero, las enseñanzas de trapos sucios y de trapos limpios pueden estar ahí para todos.
Así que sigamos con la última entrada. Lo que entre iguales es un virus, entre desiguales es una infección en toda regla. El autoritarismo es una enfermedad de quienes no pueden apoyarse en un razonamiento convincente. "Esto se hace así porque lo digo yo", o "porque lo dice la ley (según la interpreto yo)", o "porque me han dicho (el mando siempre es una cadena) que lo diga yo". Estos son los síntomas del autoritarismo. Pero, en las relaciones humanas es una enfermedad contra la que aún no hemos encontrado vacuna. ¡Ay, la acracia!
Los que somos iguales tenemos que aprenderlo bien para no contagiarnos, para poder tener entre nosotros relaciones sanas. Y debemos aprender quiénes somos iguales y quiénes no lo son, para saber dónde apoyarnos y a quien respetar.
Un abrazo para los que estaís pasándolo mal. Reconducid vuestra furia hacia posturas constructivas de verdadera igualdad. (Y esto no es una orden, sino un deseo)

domingo, 13 de marzo de 2011

Indisciplinas e indisciplina


La entrada que escribo hoy en mi blog se calentó el pasado miércoles y lleva desde entonces cocinándose. Varias veces le he impedido que salte a vuestras mesas. Y es que me importa mucho que no resulte indigesta para nadie. Respeto (y quiero) mucho a los que pueden darse por aludidos, a ellos y a su trabajo. Mucho, como para no desearles ninguna indigestión ni ningún dolor de estómago.
Pero, tampoco estaría bien callar aquello que puede ser discutible y lo que puede molestar.
Algunos educadores, algunas veces, con algunos alumnos, “pasamos” ante algunas indisciplinas. Y lo hacemos muy conscientes de ello (es una de nuestras “marcas de la casa”). Por eso no podemos admitir imposiciones de quienes somos iguales. Bastante tenemos ya que hacer obligatoriamente porque no somos nuestros propios jefes.
Las perífrasis de obligación (“tenéis que”, “debéis”, aunque sean “tenemos que”, “debemos”) sólo se usan correctamente entre desiguales. Indican relaciones de poder y de subordinación. El que puede manda al que no puede. Cuando se usan entre iguales, son un indicio de que las relaciones se han contagiado de un peligroso virus de autoritarismo.
Quizás lo practicamos tanto –unos y otros- que no nos damos cuenta. Estamos tan seguros de que no “queríamos decir eso” que lo decimos sin querer. Los virus hay que expulsarlos.
Creo firmemente (ya sé que a veces no lo practico) que en el respeto a la libertad de los demás está el comienzo del pluralismo. Respetar a quien piensa y actúa como yo no tiene nada de plural. Y el pluralismo es educador. La idea única, el comportamiento único no educan.
Con todo, algunos, nunca, con nadie pasamos de la indisciplina.